SOBRE MÍ

Mi nombre es Juan-Luis Glez. Carballo. Nací en 1970 y soy extremeño de Valencia de Alcántara (Cáceres, España). Resido en la ciudad de Badajoz, casi en el centro de la ciudad.

Soy aficionado a la Astronomía... desde siempre. Todavía conservo algunos cuadernos de observación de hace veinte o veinticinco años en los que anotaba torpe, pero afanosamente, mis primeras observaciones de la Luna con unos prismáticos prestados. Siempre me ha apasionado la observación y estudio del firmamento. Creo que el detonante de todo fue la maravillosa serie de divulgación astronómica “Cosmos” de Carl Sagan. Yo tendría once o doce años. Aún recuerdo mi lucha para conseguir quedarme sólo ante el televisor aquellos domingos por la tarde, bajar las persianas y disfrutar de la música, las imágenes y las narraciones de este fabuloso científico. Fue entonces cuando supe que el firmamento y yo estábamos llamados a tener una relación duradera y feliz.

Ha pasado mucho desde entonces. Ahora soy más viejo y más calvo, pero mi pasión por el cielo, efectivamente, ha sido duradera. Me dedico a la enseñanza; soy profesor de ESO y Bachillerato en el I.E.S. “Ciudad Jardín” de Badajoz, aunque temporalmente ocupo la plaza de director del I.E.S. de Barcarrota (Badajoz). Estudié Geografía e Historia (especialidad: Prehistoria y Arqueología) en la Universidad de Extremadura donde me licencié en 1993. Aprobé las oposiciones de profesor de secundaria en 1994 y desde entonces pude disponer de más recursos y medios para observar el firmamento.

Además de aquellos prismáticos prestados, mis primeros instrumentos de observación fueron mis ojos. Con ellos escudriñé una y mil veces el cielo nocturno: aprendí las constelaciones, me familiaricé con el movimiento de los planetas y la Luna, leí todo lo que caía en mis manos y, en definitiva, comencé a hacerme una idea del lugar que ocupaba en el espacio.

Tras un parón motivado por diversos traslados de mi familia, me reencontré con mi gran pasión ya en la Universidad. Utilizando el dinero que gané trabajando en una excavación arqueológica me compré mi primer telescopio, el viejo y venerable Newton de 114 mm. Creo que pocas veces un instrumento tan mediocre por su calidad óptica y montura ha sido tan utilizado y exprimido por un aficionado. Mis primeros paseos astronómicos fueron, como los de todos, para la Luna y los planetas. Después vinieron las galaxias, nebulosas, cúmulos... más brillantes. Y de nuevo supe que esta afición duraría para siempre.

Tuve la suerte de aprobar las oposiciones a profesor de Bachillerato al poco de terminar mi carrera, por lo que pude disponer de más medios para adquirir un telescopio mejor y así, hasta hoy, he ido ampliando mi equipo según mis necesidades se iban ampliando. Durante todos estos años he sido un apasionado de las estrellas variables (formé parte de la malograda Asociación de Variabilistas de España, AVE) pero... desde hace unos años resido en la ciudad de Badajoz, de más de150.000 habitantes y una contaminación lumínica espantosa. Por ello tuve que cambiar de objetivos y replantearme, con una profunda crisis incluida -me pasaba meses sin observar-, qué podía hacer en esta afición. Las estrellas variables requieren alcanzar cierta magnitud para conseguir ver las estrellas interesantes para mí (cataclísmicas) y, sobre todo, ser sistemático en su estudio. Así fue como caí en el mundo de las estrellas dobles.

Observar estrellas dobles tiene varias ventajas que, para mí, son fundamentales para poder hacer Astronomía: no requieren cielos impolutos, no es necesario observar con una frecuencia dada y existen multitud de técnicas apropiadas para ello (desde la visual con oculares adecuados a CCD, como las webcam o las CCD de bajo coste). Desde entonces utilizo mi terraza como un verdadero observatorio urbano y puedo observar cada vez que quiero con la comodidad que supone tenerlo todo a mano y no tener que desplazarme varios kms. con todo el equipo. Puedes conocer algo más sobre este concepto aquí.

Para observaciones más especializadas que requieren de cielos oscuros aprovecho mis desplazamientos a Valencia de Alcántara (Cáceres) donde la casa de mis padres (y, sobre todo, su estupendo patio) me permiten desplegar todo el equipo y observar objetos débiles (con CCD claro). Algo similar ocurre en mis desplazamientos a Talavera la Real (Badajoz), el pueblo de mi mujer.

Por si fuera poco, hace pocos años nació mi hijita, Lucía. Más cansancio, más preocupaciones y menos tiempo para observar. Esto fue la puntilla que me hizo decantarme por la necesidad de observar desde la ciudad, aunque ello supusiera pertrecharme de la más moderna tecnología al alcance del aficionado: las CCD. Con ella alcanzo magnitudes de ensueño desde mi casa de la ciudad y tengo a mi alcance miles de estrellas dobles para observar.

No obstante, no todo en la vida en Astronomía (aunque es una gran parte de ese todo). Tengo otras muchas aficiones que intento contemporizar con el trabajo y la familia. Por ejemplo, soy un ávido lector, especialmente de libros sobre la historia de la primera mitad del siglo pasado, así como los de divulgación científica (especialmente: historia de la astronomía). Me apasiona la música, escucho de todo pero me chiflo por la música romántica y posromántica del siglo XIX, con especial debilidad por Mahler. Y, aunque cada vez lo practico menos, me gusta pasear, la bicicleta (esa sí que no la práctico desde... años), el campo... También me gusta el cine, aunque cada vez lo veo más en la tele (ir al cine se ha convertido en una aventura: sólo ponen bodrios, hay más ruido que en una discoteca y, encima, las proyecciones cada vez dejan más que desear). Así que veo canales digitales, alquilo DVD's y grabo películas, si es posible antiguas películas en blanco y negro. Me encantan los clásicos.

Por supuesto, está mi familia. Mi mujer, Guadalupe, de una paciencia infinita, me anima en todo lo que emprendo. Es un ser maravilloso sin el que no podría vivir. Aunque no le gusta la Astronomía, me anima a que observe cada vez que quiera. Y luego está la pequeña Lucía, que dibuja estrellas y lunas y a la que le gusta mirar el cielo cuando está en el pueblo. Ya quiere mirar por el telescopio... ¿tendré una astrónoma en ciernes?

ACTUALIZACIÓN: VERANO DE 2012

Pocas cosas han cambiado desde que escribí el texto anterior hace 4 años. O muchas. Según se mire. En lo astronómico... ¡¡tengo observatorio!! Desde hace 4 meses disfruto de un espacio fijo en el que poder desarrollar mi afición de manera más cómoda. Podrás saber algo de él en la sección de Equipo de este blog. Quizá también deba mencionar que no hace mucho también conseguí el código MPC (I84) para mi observatorio.

Por lo demás... sigo aficionado a la astronomía con más pasión que nunca. Cultivo más campos que hace unos años: supernovas, estrellas variables y, espero, dentro de poco, dedicarle mucho tiempo a un campo de trabajo que siempre me ha atraído: asteroides y cometas.

Los proyectos relacionados con las estrellas dobles se han afianzado hasta límites insospechados. La revista OED goza de una salud envidiable, así como de un reconocimiento internacional que nunca creímos que íbamos a conseguir. Además, he conseguido hacerme de un respetable catálogo de estrellas binarias descubiertas por mí que sobrepasa el increíble número de 150 pares. Si me lo dicen hace unos años...