viernes, 30 de marzo de 2012

Nuevo artículo, esta vez en el Journal of Double Stars Observations (JDSO)


Era una espinita que tenía clavada. Lo reconozco. Del clan español dedicado a este mundo (mis queridos Rafa Benavides, Edgar Rubén Masa, Francisco Rica, etc.) era el único que no había publicado en la revista de la competencia (permitidme la broma). Así que el año pasado repartí la mitad de mis medidas: 100 para el JDSO y otras 100 para OED. Y así fue.

Tras un largo verano de observar y medir, vino la peor parte: redactar el artículo y, sobre todo, traducirlo al inglés. Una verdadera lata, la verdad. Fue entonces cuando para mí adquirió su verdadera dimensión la decisión que tomamos unos años atrás: era necesario poder publicar artículos serios sobre dobles en español. Esa fue la idea original de El Observador de Estrellas Dobles. Había oído esa opinión a amigos doblistas, pero esta vez la viví en mis carnes.

Aunque el artículo fue enviado en los primeros días del pasado mes de octubre, no ha visto la luz hasta ahora. Por ello, como ya comenté anteriormente, suena raro que la primera serie de medidas de las dobles abandonadas de Espin salgan publicadas después (la segunda serie apareció  en el n.º 8 de OED, que salió el pasado mes de enero).

Es un extenso artículo de 27 páginas del que estoy muy satisfecho, más allá de la comprensible honrilla de ver publicado un artículo tuyo en un journal semiprofesional de la Universidad de Alabama (EE.UU.). Estoy muy satisfecho porque abre la serie de artículos con medidas olvidadas de Th. Espin, que tantos meses me ha acompañado; pero también porque en él aparecen otras seis nuevas estrellas dobles que, espero, aparecerán incluidas en breve en el Washington Double Star Catalog (WDS). Desde CRB2 hasta CRB7 (actualmente la lista va por 22 estrellas CRB publicadas y admitidas en el WDS). Para los más despistados (o menos acostumbrados a nuestra jerga), os recordaré que CRB son mis siglas de observador/descubridor asignadas por el Observatorio Naval de Estados Unidos (USNO, administrador del WDS).


Aunque todas son como (casi) hijas mías, me siento especialmente satisfecho de dos de ellas: CRB5, una doble de elevadísimo movimiento propio común (mpc)  con la que me topé junto a la doble ES   23. Tras comentar los detalles astrofísicos que estaba obteniendo de este nuevo par con Paco Rica, mi amigo emeritense se las ingenió para mover el telescopio IAC-80 para obtener una detallada fotometría multibanda. Una verdadera pasada: dos astrónomos amateur de Badajoz usando un telescopio del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), toma ya.


De la otra que estoy especialmente orgulloso es de CRB7CA,Cb que yo percibí en mi imágenes pero que no pude desdoblar si no hubiera sido por el apoyo y ayuda de mi querido amigo Miguel Ángel García, del Observatorio OAR-SPAG de Monfragüe (Cáceres). Todavía recuerdo aquella calurosa noche del verano pasado en la que intercambiábamos frenéticamente correos ("ahora la veo, ahora no la veo") mientras él controlaba remotamente ese maravilloso observatorio que posee y que es la envidia del más pintado. Muchas gracias Miguel Ángel, esa doble es, al menos, tuya al 50%. Te debo unas cervecitas.

Por si fuera poco, el nuevo número del JDSO viene con más artículos de compañeros españoles. Con razón dice Paco Rica que dejamos siempre el pabellón bien alto. También aparecen publicados dos artículos del propio Paco Rica (estratosféricos, como siempre) y otro más del observador canario Israel Tejera Falcón. Enhorabuena a los dos.

Evidentemente, tengo mucho que agradecer a buenos amigos y compañeros. Para evitar aburrir al lector (o correr el riesgo de olvidar a alguno), os remito al apartado pertinente del propio artículo. De lo que no me privo es de dar nuevamente las gracias a todos ellos.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Conjunción familiar


Como corresponde a un final de trimestre en mi gremio, están siendo días de mucho trabajo. No tengo tiempo de dedicarme a otra cosa que no sea trabajar. Y me estoy perdiendo el novilunio con interesantes novedades: supernovas brillantes, por ejemplo. La SN2012aw es de esas que no te quieres perder. Pero bueno, es lo que toca.


De lo que no me he podido librar (ni he querido), es de dedicar un ratito a mi hija Lucía en relación a algo que tenía muchas ganas de ver: la interesante y bonita conjunción de la Luna-Venus-Júpiter que estos días nos acompaña. Así que anoche subimos a la azotea para echarle un vistazo. Le encantó. Tanto que hoy hemos preparado una miniexpedición para dedicarle el tiempo que merece. Ella estaba muy ilusionada. Raras veces se acuesta tan tarde (hoy se ha metido en la cama a las 10'30, todo un hito para ella). Preparamos todo el material y hasta una cena rápida para degustar a pie de telescopio y cámara. Se la veía tan feliz con su mochila al hombro y preguntando los nombres de todas las estrellas...


Nos desplazamos hasta las afueras de la ciudad, al campus universitario, y allí pudimos disfrutar de un atardecer precioso (sólo enturbiado por ese molesto viento que nos acompaña hace un par de días). Una vez que cenamos nos dedicamos a disfrutar de la conjunción (a la que se han apuntado también Aldebarán y las Pléyades, ¡qué espectáculo más bonito!). Y hasta tuvimos tiempo de echar un vistazo a estos planetas (más Marte) con el telescopio de bolsillo, aprender a localizar la Polar y ver dos nuevas constelaciones para ella: Leo y Orión. Le gusto mucho esta última y su historia mitológica.


Lucía no pudo evitar anotar y dibujar todo lo que vio en esa noche mágica. Como hablábamos de regreso a casa, con ella medio dormida ya pero muy feliz, hoy íbamos a dormir con los ojos llenos de estrellas. Impagable.


Lo demás sobra. Como que las fotos que hice no eran gran cosa, hoy era día de disfrutar con ella. Además, dada la zona elegida, no encontré nada interesante con lo que encuadrar la conjunción. Pero como decía, me da igual. Hoy había otras prioridades. Y han merecido la pena.

viernes, 16 de marzo de 2012

Las medidas de GSC 03755-00845 en la AAVSO

De nuevo gracias a Miguel Rodríguez, os puedo actualizar cierta información sobre la variable que estudiamos conjuntamente el pasado lunes. Como podéis ver, nuestras observaciones figuran ya en la base de datos de la American Association of Variable Star Observers (AAVSO). Un lujo ver tus medidas publicadas en una bonita curva de tan venerable institución.


Ya de paso os muestro las medidas de los últimos 70 días en las que se aprecian los días en que ha sido observada, la mayoría de ellos por Miguel Rodríguez. También hay medidas del belga Bart Staels.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Una interesante y fructífera experiencia: la observación conjunta de la variable de tipo DSCT GSC3755-0845

Ya he contado en otras ocasiones que mi primer amor astronómico fueron las estrellas variables. De hecho, siempre me he considerado un observador de variables reconvertido a las dobles. Esa reconversión se debió, fundamentalmente, a impedimentos físicos y, sobre todo, ambientales: observar variables a ojo desnudo, como a mí me gustaba, desde una ciudad es una locura.

Sin embargo, los lectores más asiduos de mi blog sabrán que, al igual que la cabra tira al monte, este doblista a veces tira a las variables. Hay varias historias en La Décima Esfera al respecto. A veces con CCD y a veces, cuando me pongo nostálgico, empleando ese detector maravilloso que es el ojo humano (con la ayuda del patrón de las variables, claro, San Argelander, como lo llama mi viejo, querido y admirado amigo Alfredo Glez-Herrera). Podéis reencontrarlas aquí, aquí o aquí, por ejemplo.

A todo esto: Alfredo es uno de los grandes orgullos patrios (o debería serlo) en esto de la observación de variables. Lo conozco, virtualmente hablado, desde los heroicos tiempos en que creamos aquella experiencia fallida, pero ilusionante, que fue la Asociación de Variabilistas de España, AVE. Y siempre me ha sorprendido su capacidad para observar. Sus aportaciones a la lista de correo Destellos (especializada en la observación de estrellas variables) son enormes y me llenan de envidia, todo hay que decirlo. Mientras los ccderos enviamos listados de 5 o 6 medidas (laboriosamente conseguidas mediante el uso de nuestros sofisticados equipos, tras hacer los siempre insoportables darks, flats, bias y demás cosas de esas), Alfredo, en una sola noche de observación, se ventila 30 o 40 estrellas sin despeinarse, medidas realizadas visualmente que, cuando se ven en las curvas de luz de la AAVSO, salen clavadas a las medidas obtenidas mediante equipos digitales. Su ojo está bien entrenado. De hecho lleva decenas de miles observaciones remitidas a la veterana asociación internacional AAVSO. Desde aquí mi reconocimiento a este infatigable observador. Me quito el sombrero.

Pues bien, a lo que iba. Como desde hace unas semanas tengo el telescopio instalado definitivamente en su observatorio, automatizado e hibernado, mis posibilidades de observación han aumentado mucho. Sobre todo porque permite dedicar parte del tiempo de observación a muchos trabajos astronómicos diferentes. Y este es el caso que quería comentar: el pasado lunes lo dediqué a observar una de esas variables rápidas que tanto me gustan. No fue un capricho. Unos días atrás había estado leyendo la última entrada que había puesto en su blog mi igualmente querido amigo Miguel Rodríguez Marco, de Madrid. Había escrito una entrada dedicada a una estrellas variable del tipo Delta Scuti (realmente, una DSCT de gran amplitud, esto es, tipo HADS) GSC3755-0845. Me gustó mucho las curvas de brillo que había obtenido en varias noches de observación, así que contacté con él para comentarle si le parecía bien que hiciéramos algo conjunto. Miguel pareció encantado y sólo unos días después ya estábamos con las manos en la masa.

Las estrellas DSCT tiene dos virtudes que me gustan: son muy rápidas en sus oscilaciones de brillo (algunas de ellas tienen un período de sólo una hora y pico) y una amplitud que, en ocasiones, es bastante generosa. Ideal para impacientes novatos como yo (en este caso era de algo menos de 0,3 magnitudes).

Miguel Rodríguez en el CEA de Madrid (2010). A su lado, nada menos que Adolfo Sansegundo, del Observatorio El Guijo. Al fondo, dos grandes figuras: Diego Rodríguez y Rafa Ferrando. ¡¡Menudo plantel!! Por cierto, una camiseta muy chula, Miguel.

En este momento debo detenerme para decir unas palabras sobre Miguel. He tenido el placer de poder estar en persona con él un par de veces (la primera en el Congreso Pro-Am de Córdoba celebrado en noviembre de 2009 y la segunda en el Congreso Estatal de Astronomía celebrado en septiembre de 2010 en Madrid). No obstante, ya habíamos mantenido una fluida correspondencia electrónica desde años antes. Los trabajos de Miguel me parecen sorprendentes. Como todos los variabilistas, su pasión por estas estrellas viene de muy joven. Todavía recuerdo su página web de hace 20 años (llamada igual que su blog, Variastar) en la que mostraba sus trabajos realizados con un dobson desde su domicilio familiar en Valladolid. Ahora Miguel es una avezado observador usando técnicas digitales. Y posee un observatorio atípico. Pero pocas veces una ventana (literalmente) ha ofrecido tantas observaciones de calidad como las de Miguel. El Observatorio Ventilla J30 de Madrid que comanda hace de todo un poco, pero siempre con el denominador común de las variables: supernovas, variables rápidas... Todo un ejemplo de cómo el tesón y las ganas de observar vencen cualquier obstáculo, por insuperable que parezca.

La noche de observación conjunta fue la del pasado lunes día 12, como dije anteriormente. Mis observaciones comenzaron a eso de las 22'30. Como novato en estas lides, me costó decidir el tiempo de exposición necesario para poder hacer un estudio fotométrico con las mínimas garantías. Y es que esta estrella es bastante brillante (magnitud entre 10,4 y 10,7 según el catálogo VSX de la AAVSO), al menos para los parámetros que solemos usar con la CCD. Tras varias pruebas, descubro para mi sorpresa que no puedo hacer exposiciones de más de 12 segundos para no saturar la estrella.

El campo de la estrella estudiada y la estrella de comparación empleada.

Así que saqué una serie de unas 600 imágenes durante las dos horas y media que duró la observación. Por su parte, Miguel comenzó a eso de las 11'45 y su observación se prolongó un buen rato más tarde que yo. La cosa prometía, entre los dos íbamos a cubrir un período de tiempo generoso para una variable cuyo período estimado es de 0,07609773d, esto es, poco más de 109 minutos.

La noche no era mala. Aunque las temperaturas diurnas están siendo bastante elevadas para la época del año en que nos encontramos, la gran ventaja de tener un observatorio de techo abatible es que en muy poco tiempo se consigue un equilibrio térmico interior/exterior. Aunque había una turbulencia notable, en la primera parte de mi observación la estrella estaba situada bastante alta en el cielo, así que las medidas iniciales (la primera hora) eran bastante buenas y mostraban poca dispersión. A partir de las 12 de la noche las condiciones empeoraron y, sobre todo, se notó bastante que la estrella había bajado bastante y se aproximada al horizonte NW.

Un detalle: al usar exposiciones tan breves, el centelleo afectó bastante a mis medidas. Una pena.

El telescopio y, sobre todo, la montura, se portaron perfectamente. El autoguiado funcionó de maravilla y durante las 2'30 h de observación la variable no se movió del centro del campo lo más mínimo.

La verdad es que resultó una experiencia de lo más enriquecedora. Miguel observando desde su observatorio urbano en Madrid y yo en el mío de Badajoz a 400 km de distancia. Los correos electrónicos no paraban de ir de un lado a otro, sobre todo conteniendo preguntas mías que Miguel respondía pacientemente.

El resultado, que me defraudó inicialmente al ver la dispersión de mis medidas a través del software Fotodif de Julio Castellano, es espectacular. Al menos a mí me lo parece. Y hasta un experto variabilista como Carlos Fernández Rivero me ha dado sus bendiciones, no sé si para animarme o porque de verdad el trabajo resultó de algún mérito. Por cierto, no os podéis perder su blog, una verdadera delicia.

Miguel se ha encargado de hacer una composición de nuestras medidas, superponiendo nuestros resultados de forma conjunta en la misma gráfica, y se obtiene un bonito perfil de su comportamiento. Una maravilla. Eso son curvas y no las de Marylin Monroe. Os recomiendo que visitéis el blog de Miguel para obtener más detalles técnicos de la misma, en esto él es el experto.

Aquí os presento el resultado de esa grata noche trabajo compartido. Espero vuestras opiniones al respecto.


Sólo me resta agradecer a Miguel su asesoriamiento y paciencia para conseguir llevarme a buen puerto. Una cosa es segura: no será la última variable que observe ni tampoco el último trabajo que hagamos, mano a mano, Miguel y yo. Algo me dice que esto es una mecha que ha prendido bien, muy bien. Además, como dice la copla... los amores primeros son difíciles de olvidar.

Un buen grupo de amigos. De izquierda a derecha: Rafa Benavides, Paco Rica,
Edgar Masa, el autor de estas líneas y Miguel Rodríguez. En el Congreso Pro-Am
de Córdoba de 2009. ¡¡Qué buenos recuerdos!!

sábado, 10 de marzo de 2012

Nuevo observatorio en Extremadura, ¡el mío!

Llevo unos días muy callado. Y es que no me falta el trabajo. Además de los quehaceres domésticos propios, así como los profesionales, he añadido una nueva ocupación en mi cada vez más escaso tiempo libre... Y es que pocos días antes de mi cumpleaños se pudo cumplir mi sueño de tener un observatorio permanente en mi lugar de residencia. ¡¡Mi propio observatorio!!

El flamante nuevo observatorio

Han sido dos años de largas deliberaciones. Unos días me levantaba pensando que merecía la pena, otros que no. Y es que era para pensárselo. Vivir en una ciudad de 150.000 habitantes (a los que habría que sumar otros 100.000 más en un radio de unos 50 km) y en un edificio de cinco alturas no favorece demasiado disponer de un observatorio astronómico. Contaminación lumínica, luces directas, turbulencias de todo tipo... Y eso sin contar los problemas técnicos y de espacio.

Vista del horizonte noreste desde el observatorio. Me gustaba más
la que tenía en mi pueblo... pero es lo que hay.

No obstante, hubo algo que me decidió, definitivamente, a dar el paso. La cuestión quedó reducida a una simple relación matemática: a finales de febrero mi última observación astronómica había sido en octubre. ¡¡Más de cuatro meses sin observar!! Y es que poder observar tan sólo cuando me desplazo al pueblo es un serio problema (la de veces que me ha ocurrido eso de tener todo planificado para un fin de semana perfecto, en lo astronómico, y cuando llega el ansiado momento descubrir horrorizado que está lloviendo, que se va a nublar, que estoy agotado, que...).

Di por buenos los sabios consejos de algunos amigos: el mejor sitio de observación es el que te permite observar con la mayor frecuencia posible. Algunos pueden poner reparos a esta idea, pero en mi caso me valió para tomar la decisión. Según pasaban los años mis frustración había ido en aumento y he llegado, en muchas ocasiones, a dudar si merecía la pena seguir dedicando tanto tiempo a esto si, por ejemplo, durante el año 2011 sólo había podido observar un par de decenas de noches. Así que por fin lo vi claro: prefiero tener un cielo malo a no tenerlo. Así de sencillo.

Y, al menos, tengo una ventaja. Dispongo de una ventana de observación privilegiada. 360º de horizonte ininterrumpido.

Por fin me armé de valor. Pedí permiso a la comunidad de propietarios del edificio que, amablemente, accedieron (¡¡muchas gracias, vecinos!!) a la construcción de una pequeña caseta que está situada justo encima de mi vivienda (si molesto a alguien es a mí mismo, lo cual no deja de ser una ventaja).

Luego vino decidir el diseño y el tamaño. Y menudo jaleo. Quería utilizar una plataforma de hormigón que ya existía en la azotea, un cuadrado de poco más de 1,5 m en cada lado (de esa manera me ahorraba la necesidad de realizar obras, algo que me horrorizaba sólo con pensarlo). Así que el observatorio sería muy pequeño, diminuto más bien. Muchas noches me desvelé pensando que una vez construido descubriría con horror que o entraba el telescopio o entraba yo... También le tuve que dar muchas vueltas al tema del material con el que lo haría. Casi todo el mundo habla maravillas de la doble chapa sandwich. Así es el de Rafael Benavides en Posadas (Córdoba) y los de otros muchos observadores. Me decidí por ese material.

Y también tuve que pensar muy bien el sistema de cubierta. ¿Techo corredizo o puertas abatibles? Tras sopesar varios modelos, me decidí por lo más sencillo: dos hojas abatibles con pestillos interiores para poder cerrar con comodidad (y seguridad). En este punto quiero agradecer al ya mencionado Rafa Benavides (realmente mi observatorio es una réplica del de Posadas, pero en pequeño), pero también a Juan Antonio Henríquez Santana, Gabino Muriel, Carlos Fernández Rivero y a Jesús Rafael Sánchez, por sus consejos a la hora de planificar el diseño. Soy consciente de que el techo corredizo tiene más ventajas, pero me ofrecía algunos inconvenientes que no podía solventar. Así que, como he dicho, fui a lo cómodo.

El observatorio con el techo abierto. Todo listo para observar...

Se da el hecho, desgraciado hecho, de que el observatorio no podría ir anclado a ninguna de las paredes de la azotea dado que la plataforma de hormigón que podría usar se encontraba a varios metros de cualquier de ellas. Así que fue necesario pensar en unos listones que lo anclaran firmemente a una de las paredes.

La sujeción al suelo era igualmente complicada. No quería perforar ni taladrar el suelo de la azotea, así que debería ir anclado a la propia plataforma de hormigón. Unos codos con unos buenos tornillos de hormigón deberían ser suficientes. La verdad es que, una vez construida, he intentado mover la caseta para ver si hay holguras y, de esa manera, comprobar su firmeza; os puedo asegurar que haciendo mucha fuerza no se cimbrea nada en absoluto, así que esperemos que resista los fuertes vientos que, en ocasiones, "disfrutamos" por estas tierras.

Aunque parezca increíble, pedir presupuestos a la empresa del ramo resultó uno de los aspectos más complicados. De varias de ellas todavía estoy esperando respuesta (¿no había crisis?) y otras se pasaron varios pueblos con el presupuesto. Afortunadamente, al final di con una pequeña empresa que ofrecía justo lo que yo quería por lo que procedimos a concretar el pedido. Nunca olvidaré la cara que ponía el dueño de la empresa cuando le iba desgranando las características de la caseta que me tenía que construir. Ciertamente pensó en muchas ocasiones que estaba hablando con un pirado.

El montaje fue mucho más rápido de lo previsto. Los operarios se presentaron puntualmente un sábado a las 8 de la mañana y a las 11 estábamos tomando un café con el trabajo hecho. Todo fue bien y no surgieron contratiempos. Qué ilusión cada vez que se añadía un panel al observatorio e iba tomando forma. Poco a poco me lo iba creyendo, iba a a tener mi propio observatorio a unos escalones de mi vivienda.

 En plena faena. Los operarios se portaron de maravilla.

Luego vino la fase de empezar a montar el equipo. Dado el espacio reducido que iba a disponer, no había muchas dudas sobre dónde y cómo iba a colocar el telescopio, claro. Pero lo importante es que una vez montado pude descubrir aliviado que me cabía perfectamente, que podía poner en estación moviéndome alrededor suyo y que, encima, me quedaba un pequeño espacio para disponer de una mesita donde colocar el ordenador.

El observatorio está pintado con dióxido de titanio. Hablan maravillas de él de cara a la protección térmica y anticorrosiva. Esperemos que haga su cometido. El interior lo preferí dejar en color aluminio porque, me dijeron, repele mejor la condensación. Así que, además de la doble chapa sandwich, pusimos una hoja más de aluminio abrillantado. Y me gusta el resultado.

Dos imágenes del interior del observatorio
 

Las primeras noches las he dedicado a situar el equipo, afinar la puesta en estación todo lo posible (en teoría, gracias a la hibernación de la montura ya no tendré que volver a ponerla en estación durante mucho tiempo) y realizar las primeras pruebas. Y en esas llevo las últimas dos semanas.

El cielo ya lo conocía. Su calidad deja mucho que desear. Ya había observado desde esa plataforma de hormigón varias veces. Muchas noches hay unas turbulencias locales horrorosas y hacer astrometría de precisión es una labor titánica. Pero otras noches la cosa parece más estable y he conseguido medir pares, a foco primario, con una separación de algo menos de 2" de arco.

Os dejo la primera estrella doble que saqué desde mi flamante observatorio. No es nada del otro mundo pero tiene el valor testimonial de ser la primera observada desde "casa".

Primera prueba: la orbital STF1300. Haz click para verla más grande.
Toma única de 2 segundos sin darks.

Por si fuera poco, y siguiendo los consejos ofrecidos por mi buen amigo Gabino Muriel, de Cáceres, he realizado pruebas de control del telescopio en remoto. Para ello usé el software gratuito Team Viewer. Al lado del telescopio dejaba un ordenador portátil al que conectaba todo y yo lo controlaba desde el despacho de casa. No os niego que era una sensación rara (además del miedo que algo pueda ir mal arriba sin que yo lo sepa; una webcam enfocando al equipo puede ser una solución a medio plazo), pero a la vez increíble saber que estás cómodamente al calor de tu casa mientras ahí arriba se hace el trabajo. Sin duda es una posibilidad que hay que explorar con calma. Mientras tanto, seguiré subiendo, soy de los que gusta "sentir la noche" a pie de telescopio.

Otra vista más del observatorio. ¡Qué maravilla estar observando en 5 minutos!

Poco más os puedo decir. Solamente que estoy muy contento del resultado y que espero que sea la herramienta que permita disfrutar de muchas felices noches de observación sin la necesidad de tener que esperar a viajar al pueblo, de tener que transportar un cada vez más pesado equipo y, sobre todo, de tener que montar y desmontar cada vez que quería disfrutar de los cielos.

Extremadura dispone, desde hace unos días, de un nuevo observatorio astronómico. Corregidme, paisanos, si olvido alguno, pero creo recordar que actualmente hay siete observatorios amateur en nuestra querida tierra: el de José Luis Quiñones en Higuera la Real, los de Juan Miguel, José Antonio, Gabino y Luis Miguel en Cáceres y, por último, el OAG de Monfragüe de Miguel Ángel. ¿Me admitís en el club? Aquí tenéis un observatorio, el vuestro, ... pequeño... pero matón (espero ;-).

Y otra vista más...

No me puedo permitir terminar esta entrada sin añadir unas palabras más. Gracias, Guadalupe y Lucía, por este regalo. El sueño de cualquier astrónomo. Y vosotras lo habéis hecho realidad. Os quiero, pero eso ya lo sabéis... aunque nunca está de más decirlo otra vez, ¿verdad?

El observatorio en la maravillosa visión idealizada de mi querida hijita de 7 años