martes, 20 de diciembre de 2011

Quince años sin él


Hoy he recordado que hace 15 años Carl Sagan nos dejó como ser vivo de este planeta de un lugar perdido de la Vía Láctea. Insisto: como ser vivo. Su alma y su energía, la materia de la que estaba fabricado estarán por siempre en este Universo que tanto amó.

Recuerdo bien la fecha porque me enteré de su muerte tras aterrizar en Madrid y comprar el periódico en el mismo aeropuerto: regresaba de un maravilloso viaje por Italia en mi luna de miel. Aunque sabía de su enfermedad, la noticia me impactó. Estaba envuelta en ese hálito de incredulidad que rodea los comunicados de este tipo cuando el fallecido es algún familiar, alguien muy cercano y especial. Y Carl Sagan lo era para mí.

Han pasado rápidos estos quince años. Y no ha sido rara la semana, el mes, de esta década y media en que algo me haya traído a la mente su prodigiosa habilidad de divulgar la ciencia, de contagiar su pasión por el conocimiento humano. A veces esperando a que el semáforo se ponga rojo y escucho en la radio que el laboratorio espacial Kepler ha descubierto un nuevo planeta "habitable" alrededor de alguna estrella lejana. Me pregunto entonces qué pensaría Sagan de ello. O cuando estoy en la playa haciendo castillos de arena con Lucía y le cuento que el número de estrellas en el Universo es mayor que todos los granos de arena de todas las playas de la Tierra. O cuando les cuento a mis alumnos sobre la Guerra Fría y que algunos científicos se irritaron tanto por el uso militar de la ciencia y la tecnología que colaboraron, con su actitud y militancia, en la consecución de la firma de los tratados de reducción de armas nucleares.

Gracias Carl Sagan por despertar en mí ese interés por todo lo que me rodea. Aunque ya estaba latente, es indudable que ver en televisión a ese científico de chaqueta marrón hablando con emoción del Universo, de los planetas, de la Historia del ser humano... me hizo comprender que esa actitud podía convertirse en un modelo de vida que he intentado seguir a lo largo de la mía. Ojalá logre transmitir a mi pequeña hija algo de ese afán de conocimiento, de superación personal, de cariño por la curiosidad que nos hace grandes.

Recuerdo con nostalgia aquellas tardes en que conseguía echar a mis padres y mi hermano de la salita donde teníamos la televisión para bajar las persianas, subir el volumen y adentrarme en los confines del cosmos de la mano del gran Carl Sagan. Yo tenía 13 años. Durante trece semanas conté las horas que faltaban para el siguiente episodio.

Ahora es difícil imaginarse, dado el panorama televisivo y mediático que disfrutamos, que una cadena de televisión ofrezca, en horario de máxima audiencia, un serie de divulgación científica sin que despidieran, por loco, al programador de turno. En ese sentido, fuimos afortunados por crecer con una televisión pública que no dependía de las audiencias y de la opinión de no se sabe muy bien quién a la hora de programar lo que se consideraba de interés público.

Con el tiempo he conseguido una versión digitalizada y remasterizada de la serie Cosmos. Pero no tiene el encanto de aquellas imágenes en televisión. Ni el de la voz del actor que se encargaba del doblaje de Carl Sagan en TVE, José María del Río. Para mí siempre será la voz de Sagan. Los más puristas dicen que nos perdimos en el encanto de la voz original del científico, pero con doblajes como este es difícil haberlo echado realmente de menos.




También he ido consiguiendo uno a uno todos sus libros, que ocupan un lugar privilegiado y bien accesible de mi biblioteca. Los consulto con frecuencia. Regreso a ellos muy de vez en cuando. Son un valor seguro por los que no pasa el tiempo, aunque algunas de sus afirmaciones científicas hayan sido superadas a la luz de los actuales descubrimientos científicos. Permitidme que os recomiende mis tres favoritos: el propios Cosmos, la versión editorial de la serie de televisión, indispensable; El cometa Halley, que me abrió las puertas a uno de mis astrónomos favoritos, el inglés Edmond Halley. Y, por supuesto, el fabuloso El mundo y sus demonios. Debería ser de lectura obligatoria en Bachillerato. Qué lucidez, que sentido común, qué amor por la ciencia y el conocimiento. Qué ridículos parecen (todavía más) los fantoches de las supercherías, las supersticiones y las pseudociencias, personajes que, tristemente (ironía del destino), ahora ocupan un lugar mediático similar al que ocupó en su momento Sagan. Todos ellos fueron editados en España por la Editorial Planeta.

Os dejo esta versión original del primer capítulo de la serie; cuenta con una breve presentación inicial de una de las productoras (y mujer del propio Sagan): Ann Druyan. Es una edición actualizada, en inglés con subtítulos. Merece la pena volver a verla. De cerrar los ojos y escuchar esa maravillosa música de inicio (que era de Vangelis, nada más y nada menos).





Quince años sin Carl Sagan. ¡Qué va! Para mí sigue tan cercano como en 1984. Y lo seguirá estando siempre.

PD: Hace unos meses el diario Público regaló esta serie a sus lectores. En su web encuentro opiniones de algunos chicos de entonces que, como yo, vieron la serie en televisión. No puedo dejar de sentirme identificado con muchos de ellos.

6 comentarios:

Rafa dijo...

Creo que hay toda una generación que siempre estaremos en deuda con Carl Sagan por todo lo que nos enseñó y nos inculcó.

Gracias por recordar de nuevo su figura.

Javier Piñero Fuentes dijo...

Que bien te expresas Juan Luis, da gusto leer tus entradas. Aunque no te comento habitualmente, visito mucho tu blog.

Por cierto, esta misma tarde he estado en la terraza de mi casa con la cámara de fotos y ¡con un frío! En esas ocasiones en las que no sabes que fotografiar, he enfocado (con el modo noche de la cámara) hacia el cielo y me ha salido esta foto! (no sé si se puede apreciar, pero si descargas la imagen se ve mejor)
http://www.facebook.com/photo.php?fbid=276467732402324&set=a.200980629951035.48495.100001172980361&type=1&theater
La verdad es que merece mucho la pena pasar un rato observando el cielo aunque haga mucho frío. Ahora que tenemos cielo raso hay que aprovechar! jejejejeje.

¡¡¡FELICES FIESTAS!!!

Javier Piñero Fuentes dijo...

Bueno, creo que el enlace no sale bien. Prueba a pegar todo seguido el siguiente enlace.
Enlace de la foto:
http://www.facebook.com/photo.php?
fbid=276467732402324&set=a.2009806299
51035.48495.100001172980361&type=1&theater

O.A.N.L. dijo...

Rafa dijo...
"Creo que hay toda una generación que siempre estaremos en deuda con Carl Sagan por todo lo que nos enseñó y nos inculcó.

Gracias por recordar de nuevo su figura."
Y yo suscribo una por una todas sus palabras...Y por supuesto las tuyas. Leyendo tu relato me he visto a mi mismo en esos años...
Si que es cierto que el maestro Sagan, cambió a una generación.
Muchas gracias por hacermelo recordar...

Un abrazo.

Carlos FR dijo...

Enhorabuena y gracias por esta entrada con la que no puedo estar mas de acuerdo. Me ha gustado que nos lo recuerdes y estoy contigo en lo de insistir: como ser vivo

Juan-Luis Glez. Carballo dijo...

Gracias a todos por vuestros comentarios, desde luego Sagan es una persona importante para toda una generación de personas interesadas por la ciencia. Yo, personalmente, le debo mucho.

Me alegra que os haya gustado el recuerdo.

Saludos.